Hola, soy Teodoro Simón Enrique, aunque me conocen más como TSE. Y si, soy un tábano.
Vivo en las praderas frescas y verdes de Jaén... bueno, en Jaén no es que haya mucho verde (y mucho menos que sea fresco) pero era por darle cierto dramatismo a la historia.
Bien, conocí a Mihura desde que era un lindo ternero. Lindo pero de pura raza. Nos hicimos amigos enseguida, jugabamos a perseguirnos, a ver quien mordía a quíen. ¡Estuvo a punto de matarme un par de veces al intentar espantar a mis enemigos!
Un día, creo recordar que era febrero porque hacía frio y yo y los míos aún no habíamos salido de nuestro escondrijo de invierno, llegó a la manada de Mihura una nueva vaca. Lucera se hacía llamar.
He de reconocer que no soy muy creyente en esas cosas del amor (una vez me enamoré de un ejemplar... ¡menuda! Drosophila se llamaba... que dolor me dió cuando se marcho a estudiar biología al extrangero... algo sobre el genoma humano) Pero reconozco que mi buen amigo Mihura calló rendido a los pies de esta preciosa vaca.
Lucera, al principio, miraba con desden al rebaño, pues ella era de la alta estirpe de las Frisonas. ¡Y no era para menos! Todos los machos se peleaban por dar un paseo por la valla de la finca por las tardes (honor que no le concedía a cualquiera).
Aunque Lucera era de buena familia y aceptaba por educación los agasajos de toros y novillos, ya se había fijado con sus lángidos ojos en el pelaje jabonero de Mihura.
Una noche, salí a pasear, a ver si mordía a algún eral rezagado, cuando, a la luz de la luna, junto a un olivo, vi a Mihura declarandole su amor incindicional a Lucera.
Hubo un gran revuelo en la manada. Los grandes toros se preguntaban porque Lucera había escogido a un ejemplar tan bajito. ¿Por qué uno de un color tan feo y poco uniforme? gritaban los azabache.
Pero no había marcha atrás. Lucera ya había elegido.
Un día, el ganadero vino a la finca a lomos de Frisnero, un caballo con cara de pocos amigos al que solía precuentar antes del nacimiento de Mihura. No venía solo, le acompañaba un señor bajito. Estubieron un buen rato hablando y señalando a los toros que allí se encontraban.
Yo, que no soy cotilla, me acerqué a Frisnero con el afán de preguntarle cual era el motivo de aquella visita. "Tu amigo Mihura y otros cinco van a ser presentados en sociedad. Es un Gran honor. ¡Cientos de humanos le aclamarán!".
Un camión se levó a los seis toros, entre ellos a Mihura. Aquella noche, Lucera lloró.
¿Qué habrá sido de mi buen amigo? ¿Le irá bien con las altas esferas de la sociedad taurina?
(Esta historia me la contó Baptisia, una mosca de la noble familia de las Cojoneras, a su vuelta del chalet de verano en Jaén...)Polvorilla Coemperatriz del Mal, Gran Divinidad de las Tierras de Arriba, Patrona de los Obreros